2021

JUNIO 2021

Acción “Burros de colores”, Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo, MAAC 2011

PRESENTACIÓN DE LA OBRA DE JORGE JAÉN (Guayaquil, 1961) en Mesa de diálogo Bienal Nomade, curaduría Hernán Pacurucu #AsentamientosNomades, “Fuera de la ley, el tonelaje crítico del arte”: Jorge Jaén y curadores: Matilde Ampuero y Cristóbal Zapata.

MAAC, junio 2021

CIUDAD REGENARADA VS CIUDAD DEGENERADA

Hace unos años, en el 2007, escribí un pequeño texto para la exposición de Jorge Jaén titulada “Entre lagartos, locos y poetas”. Las obras habían sido trabajadas durante y luego de su paso por la cárcel más poblada del país. En La Peni, el artista fue a parar a La Lagartera, el lugar donde los gendarmes encierran a los presos comunes, a los que no tienen padrino. Sus compañeros de celda, y él mismo, pertenecían a la fauna que apenas tenía chance de ser defendida por el abogado de turno que da el Estado. Los motivos de su encierro son parte de una desafiante historia personal y artística, que en breve trataré de sintetizar. Tengo la expectativa que  presentar su trabajo en este importante espacio del arte como es la Bienal Nomade, logre despertar el legítimo interés de un investigador, historiador o institución, que amplíe y analice su trabajo con los detalles que se merece el conjunto de su obra y una vida dedicada al arte desde las trincheras de lo social.

La construcción de la imagen del artista marginal, aquel que no ha podido elegir su destino porque le vino dado por una condición: la pobreza, no es igual a la imagen del escritor maldito que rechaza los honores y los valores sociales, provocando y transgrediendo los límites desde el lugar privilegiado del intelecto. La pobreza, es el hado cruel que deja el arte al borde de los escenarios. Jaén ha sido clasificado dentro del catálogo del arte marginal por trabajar con la ciudad fea, corrompida y degenerada, por darle cuerpo visible al impudor de la miseria, a la que se llega fácilmente caminando en las noches por sus calles “regeneradas”, por el borde de las aguas bañadas por< alcantarillas.  Es allí, donde duermen de día y bailan de noche los duendes del manglar, “les hacherites” de la degeneración urbana, del racismo y del cinismo bienhechor, donde el artista nos ha llevado para que experimentemos, ahora sí, la verdadera resistencia y la práctica de nuestra libertad de réplica.

La maquinaria de represión sexual y cultural que ha funcionado por más de 26 años en esta ciudad, lo ha provisto de más de una historia, obra, performance y oportunidad de irse contra el lugar común de lo establecido. A lo largo de los años, ha logrado transformar en modos de acción el lenguaje de su pintura, su técnica, su género. Primero a través de un activismo gráfico, reproduciendo en distintos talleres del país las figuras que retrataban a los sujetos escoria, a decir del artista:

“Yo nací rodeado de estos personajes, entre mendigos, drogadictos y putas. Entonces voy enriqueciendo mi trabajo y va naciendo todo esto. Al caminar por Guayaquil nocturno te encuentras con paisajes increíbles que todo el mundo los ve pero en realidad se hacen los locos y no quieren hablar del tema”. Diario El Universo, 2010

De sus primeros monstruos, Jaén relata la influencia que tuvo un diagnóstico médico en la creación de estas figuras o engendros marginales. Cito sus palabras de la entrevista que le hiciera la periodista Marcela Noriega:

“Eran 200 quistes en forma de bola, y no un embarazo:  –Yo les di vida eterna a quienes vivieron por diez segundos, y los inserté en la sociedad con diferentes actividades, son parte de mis protestas, de mis denuncias y de mis alegrías-” (marcelanoriegawordpress.com)

 A partir de esta reflexión sobre sí mismo, realiza su primera individual en el museo Municipal en el año 1995, “Expresionismo Criollo”, donde reúne una suerte de fauna de la ciudad, a decir del cronista Jorge Martillo: “… se trataba de seres deformes y personajes populares moviéndose por los escenarios marginales de Guayaquil”. La Revista 2015

Con el tiempo Jaén inicia su disputa con la institución arte, instaurada en la ciudad bajo una visión neoliberal, machista y colonial. El artista conoce desde dentro las estrategias de la administración pública para filtrar los contenidos de la producción artística que no convenga al ejercicio ideológico y la consigna partidista del momento. Por varias ocasiones ha dictado talleres y expuesto en diversas salas de conocidas instituciones, y en todas ha sido, en parte o totalmente, censurado. Pero la resistencia es también negociación; en simultáneo a la desobediencia de la norma, Jaén inicia la fiesta y el performance en el escenario under, podría decirse que es uno de los pocos artistas, por no decir el único, que puede entrar como Pedro por su casa y burlar a la autoridad, ya sea a través del engaño, la sorna o haciendo lo mismo pero distinto.

Entre mis más vívidos recuerdos está el encuentro que tuve con dos demonios creativos en el Museo Municipal, uno era Jaén y el otro Jimmy Mendoza. Estaban inscribiendo una obra para participar en el Salón de Julio, no recuerdo el año. Se trataba de un mapa del Ecuador, arrugado y sucio. Mientras llenaban la ficha, los artistas explicaban a la funcionaria del museo que la “pintura” color café aún estaba húmeda.  La obra fue aceptada y exhibida ese año en el Salón. Este performance evidencia un modo de acción del llamado sujeto escoria, que a veces transa y otras se aprovecha de la reacción del burlado.

Volvamos entonces a la cárcel…

LOS TALLERES DE LA CÁRCEL

La experiencia de Jaén con los presos en la Penitenciaría, atraviesa transversalmente escenarios aparentemente desvinculados: cárcel y museo, e inicia una etapa donde el taller comunitario es parte fundamental de una válida y fructífera propuesta artística. En el año 2010, siete internos de la Penitenciaría del Litoral dejaron la prisión para asistir a su muestra pictórica “Arte sin barrotes” inaugurada en el MAAC, como resultado del taller dictado por el artista a 40 reos. Cuenta la leyenda que los helicópteros de la policía sobrevolaban el museo y que más de un crítico de arte fue cacheado antes de entrar a la exposición fuertemente resguardada por la policía especializada del GIR.

A este taller le siguieron, La Tuca cartonera. Memorias en base a un objeto” trabajado con los presos de la Penitenciaría; “Marcando Zona: Muerte Cruzada”, dictado a adolescentes grafiteros; “Anónimos”,  taller para los chicos del “Centro de rehabilitación de Menores Infractores” en Guayaquil; el Concurso de Arte “Frontera de mis sueños” para niñas y niños de Esmeraldas, Sucumbíos y Tulcán; el proyecto de Pintura con niñas y niños que habitan en las faldas del Volcán Tungurahua: “ El Volcán es mi vecino”; el proyecto AGUA VIVA realizado con el Ministerio de Salud Pública, taller dictado a niñas y niños de Durán, Lago Agrio y Esmeraldas, que buscaba resignificar el Balde plástico como objeto de uso y salud. El proyecto TRÁFICO trabajado en los pueblos de la frontera con Colombia, localizados en San Lorenzo, provincia de Esmeraldas: Carondelet y Santa Rita, cuya experiencia podemos pedir se relate en este diálogo, debido a que es fundamental conocer cómo el arte es un espacio para la transformación social.

A través de los años, Jorge Jaén ha continuado con esta labor resaltando el trabajo  llevado a cabo en el año 2015 con la comuna ancestral Data de Posorja, donde organizó el FESTIVAL ARTÍSTICO “VIENTOS ANCESTRALES” produciendo obras junto con artistas invitados, comuneros y habitantes de la zona. Resalta la realización de esculturas que sirvieron a la comunidad como defensa de su territorio y espacio turístico.

Yo me hago la pregunta ¿Estos modos de acción e invención de espacios en diferentes contextos, son un intento por inscribir al arte como soporte político?

Muchas veces cuando se trata de un trabajo con comunidades duras, me refiero de difícil acceso, como en el caso de la comunidad carcelaria, el trabajo con el análisis desborda el campo del arte y del mundo académico. Se trata de espacios de investigación cuyo acceso implica un riesgo porque revelan el estado social y porque se debe enfrentar a las herramientas de represión que utiliza la autoridad política. Jorge Jaén ha ingresado a estos espacios porque pertenece y porque ha transado como artista, generando identificaciones, símbolos y episodios de percepción naturalizada.

Hacia una política del deseo…

Las obras de jorge Jaén son conocidas porque evidencian aquello que se obvia, se calla o se confina, aquello que pertenece al campo de lo privado y se encuentra cubierto por la amenaza de sanción por parte de la administración pública. Podríamos calificar sus obras como de desobediencia sexual, pues la mayoría tensiona  o realiza una crítica social desde lo abyecto, a través de acciones clandestinas donde emerge lo subterráneo. En el caso de sus proyectos, propuestas y obras, siempre resguardados por el enfoque artístico y la solidaridad del colectivo o afectos comunitarios, jóvenes artistas y la prensa amiga, que puede, de vez en cuando, sortear la autocensura.

En “Lo más bello de mi ciudad está en mi cuerpo”, instalación en el bar Barricaña del 2001 para su participación en el Salón de Julio, el artista pinta la figura de una mujer o lo femenino en extasis, habitada por los seres propios de la ciudad.

La obra del año 2009 “En el desierto toda lombriz es un banquete” fue una instalación realizada en la Galería en construcción “Espacio Vacío”, que se apegaba al sentido relacional, el dentro-fuera, lo público y lo privado, conceptos ligados a la importancia que la mítica galería daba al espacio urbano. Jaén pintó sobre papel una especie de camino o alfombra que salía desde la sala de exposiciones hacia la calle, como una suerte de tira orgánica repleta de figuras eróticas que terminaban su orgía sobre la vereda.

“Guayaerótica en el bar Décadas”, en 2004, inicia su propuesta de mezclar fiesta under, arte y realidad social, que desembocó en el 2010 en la exposición “Platos a la Carta” realizada en el Bar mil amores de la calle 18, localizado en la zona roja suburbana de Guayaquil. Este continuo acudir a lo prohibido en sus propuestas llega a su máxima expresión cuando el duende de la noche  guayaquileña cita a la crema y nata del medio cultural local, para ir en buseta al llamado “barrio de la tolerancia”, a la ciudad prohibida. Las puertas, habitaciones y paredes del burdel,  exhibieron la obra del artista que posteriormente declaró a la prensa:

“Esa exposición solo podía estar en la 18; ese territorio santo para los descomplicados, condenado por los serios. ¿Por qué la 18 no está en Samborondón? ¿Por qué la tienen que esconder? ”. El COMERCIO, 2011

La alianza innegable entre lo afectivo, el oficio y la búsqueda del sentido en la cultura popular, se alía a la crítica hacia el Estado que impone una violencia estructural a la población. Jaén, fiel a su compromiso de hacer ver lo escondido, de visibilizar la sombra de nuestra sociedad hipócrita, acude a las  microcomunidades que exhiben su sexualidad tropical y degenerada sin pudor, que han sido marginadas y agredidas cuando no borradas de la cultura regenerada y ligth que oculta y conforma, para ello las reviste de arte y las muestra, evitando la censura, mediante estrategias de alegría.

Para no extenderme demasiado he seleccionado, de todos lados, fotografías que muestran las experiencias anarquistas que considero más divertidas y críticas de la obra de Jaén, las mismas que generaron la mayor colaboración que obtuviera un artista, no solo en esta ciudad donde desde hace años nadie se mueve ni protesta, sino en Quito y Cuenca. Se trata de una obra que se mueve en torno a la ética que emerge del ciudadano común, que fomenta ese “hazlo tu mismo” que algunos llamamos de forma rimbombante autogestión, y que se ejerce con una autonomía que tiene respirandole en la oreja el peligro y la cárcel, y en el caso de Jaén, algunas veces a la misma muerte.

Finalmente, todos sabemos que Latinoamérica, como ahora mismo, constituye una interferencia en la implantación global del neoliberalismo. Soy testigo que desde hace décadas se ha tratado de cercenar cualquier pensamiento crítico que surja de la academia, se ha negado que poseemos una filosofía propia, al mismo tiempo que los espacios para salir de posiciones subordinadas han sido vaciados de recursos; la lucha de indígenas y estudiantes ha sido reprimida y también negada y los paros y la protesta replegados por “estados de excepción” dictados por los gobiernos a nombre del nuevo virus. Vale entonces celebrar la continua carcajada y la burla de un personaje tan querido.

Matilde Ampuero,

Guayaquil, junio 2 de 2021

Notas

Marcela Noriega “Historias que contar”, agosto 2009

Diario El Universo, agosto 2010

Diario El Comercio, diciembre 2011

La Revista de diario Universo, febrero 2015

Referencias mínimas:

Bolívar Echeverría, “Modernidad y resistencias” (México, 2015)

Adolfo Chaparro “Pensar Caníval” (Argentina, 2013)

Catálogo “Perder la forma humana”, Museo Reina Sofía (España, 2012)

Fotografías, Amaury Martínez, Ricardo Bohórquez y anónimos.

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MARZO, 2021

MUSEO MUNICIPAL DE GUAYAQUIL

Mujeres en la Colección

Premio Salón de Julio -60 años-

TRADICIÓN Y SUBVERSIÓN

Una mirada a las prácticas y producción de las mujeres artistas que participaron en el Salón de Julio de Guayaquil desde 1959, arroja una diferencia de casi 20 años entre su creación y la primera vez que se premió, con un segundo puesto, la obra de una mujer. El largo tiempo transcurrido hasta que “Estructura en el fondo del mar”, de Mariella García, obtuviera en 1978 un lugar en este emblemático espacio para la vanguardia del arte nacional, no es más que una muestra del mundo profundamente dividido que establece la sociedad patriarcal. Tradición de una modernidad que se alzó en torno al progreso, el individualismo y la ruptura con la naturaleza.

En esta sala, se muestran las 11 obras ganadoras y una Mención, adquirida posteriormente por el museo, pertenecientes a 10 artistas. Han sido 58 los episodios de un certamen donde también participaron una cantidad de obras y propuestas de artistas mujeres, de las que no se guarda ningún registro. Así, transcurridos 40 años, solo dos veces se otorgó el Primer Premio a una mujer, en los años 1981 y 2001. Ante estas evidencias, surge una interrogante inevitable: si existen mujeres en el arte ¿por qué es tan poco representativa su participación en un certamen nacional tan destacado?

El recorrido de esta exposición nos muestra procesos históricos, no solo desde la complejidad que representa la división de géneros, sino que guarda la intención de visibilizar la ausencia y marginación de la mujer en el arte local. Asimismo, es notable que las obras expuestas surgen a partir de una estética de representación que señala el cuerpo femenino como ancestral repositorio de emociones, receptáculo de violencia, lugar y espacio para la nostalgia, el deseo y la represión social.

Matilde Ampuero, Curadora